Todas íbamos a ser reinas

15 02 2011

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán…

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-“En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar.”

-Gabriela Mistral





Canción de la Muerte

4 11 2008

La vieja Empadronadora,
la mañosa Muerte,
cuando vaya de camino,
mi niño no encuentre.

La que huele a los nacidos
y husmea su leche,
encuentre sales y harinas,
mi leche no encuentre.

La Contra-Madre del Mundo,
la Convida-gentes,
por las playas y las rutas
no halle al inocente.

El nombre de su bautismo
–la flor con que crece —
lo olvide la memoriosa,
lo pierda, la Muerte.

De vientos, de sal y arenas
se vuelve demente,
y trueque, la desvariada,
el Oeste, y el Este.

Niño y madre los confunda
los mismo que peces,
y en el día y en la hora
a mí sola encuentre.

-Gabriela Mistral

Old Woman Census-taker,
Death the Trickster,
when you’re going along,
don’t you meet my baby.

Sniffing at newborns,
smelling for the milk,
find salt, find cornmeal,
don’t find my milk.

Anti-Mother of the world,
People-Collector —
on the beaches and byways,
don’t meet that child.

The name he was baptized,
that flower he grows with,
forget it, Rememberer.
Lose it, Death.

Let wind and salt and sand
drive you crazy, mix you up
so you can’t tell
East from West,

or mother from child,
like fish in the sea.
And on the day, at the hour,
find only me.

-translated by Ursula K. Le Guin, found on this site





On the Agony in the Garden

15 03 2008

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NOCTURNO

Padre Nuestro, que estás en los cielos,
¡por qué te has olvidado de mí!
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!

Te acordaste del negro racimo,
y lo diste al lagar carmesí;
y aventaste las hojas del álamo,
con tu aliento, en el aire sutil.
¡Y en el ancho lagar de la muerte
aun no quieres mi pecho oprimir!

Caminando vi abrir las violetas;
el falerno del viento bebí,
y he bajado, amarillos, mis párpados,
por no ver más enero ni abril.

Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.
¡Has herido la nube de otoño
y quieres volverte hacia mí!

Me vendió el que besó mi mejilla;
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre el paño, le di,
y en mi noche del Huerto, me han sido
Juan cobarde y el Ángel hostil.

Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin:
el cansancio del día que muere
y el del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!

Ahora suelto la mártir sandalia 
y las trenzas pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido de Ti:
¡Padre Nuestro, que estás en los cielos,
por qué te has olvidado de mí!

Gabriela Mistral

Our Father who art in Heaven
Why hast Thou forsaken me!
You looked upon the fruit in February
When it was cut open for all to see,
Now my own side has been opened
And your face is turned away from me!

You remembered the day of the black cluster
And over to the red press you gave it for wine,
And you stirred the leaves of the poplar,
With your breath, a wind divine;
But in the delivering winepress of death
My poor chest you will not unbind!

Walking I saw the violets open
And of the wind’s taste I had my fill,
I have lowered sorrowfully my yellow eyelids,
To see neither February nor April.

I have closed my mouth, overflowing
With the verse that I should never speak,
The cloud of autumn you have cruelly wounded
And now you want to turn towards me!

I was sold by him who kissed my cheek
For a tunic shameful and guilty,
I in my verses a face full of blood
Like You I offer up reverently,
All I have this night in the Garden
Are John’s cowardice and the Angel’s hostility.

At last, the endless fatigue has come
To seal my eyes heavily,
The tiredness of the dying day
And of the dawn that comes rapidly,
The fatigue and wailing of the sky of tin
And of the same sky, an indigo sea.

Now the martyred sandal is unloosed,
And my locks are pleading to sleep,
And in the lost night, the cry learnt from You
I now in despair unfree:
Our Father, who art in Heaven,
Why hast Thou forsaken me!

-translated by Arturo Vasquez